#14292
Anónimo
Inactivo

La educación debe ser móvil, todo el tiempo debe reinventarse y replantearse. Es necesario que quienes hacemos parte de este campo nos estemos reinventando, tomando ejemplos de otros, empatizando con el otro y leyendo y entendiendo el contexto para que las propuestas que se hagan y los enfoques bajo los cuales se trabaje sean acordes a las necesidades de cada contexto, además de generar algún tipo de movimiento en las estructuras instauradas a fin de ampliar el panorama, mejorar las estrategias de enseñanza y contribuir a los procesos de aprendizaje; de ahí que sea válido pensar en modelos de otros países, otras ciudades e instituciones como punto de partida, es decir, tener en cuenta estrategias y modelos que otros están desarrollando, para partir de ellos, implementarlos, aplicarlos y modificarlos según sea el objetivo. Los modelos desarrollados e implementados en otros lugares pueden servir de guía para una propuesta propia de modelo; lo que se hace necesario es reiterar la necesidad de una educación contextualizada, pensada desde y para el contexto y sus demandas.
En esta misma línea de tomar prestados aspectos de modelos, de acoplar propuestas, podemos entonces hablar de instrumentos tan arraigados como la evaluación. Sin afán de satanizar las formas existentes, también puede pensarse en una evaluación contextualizada, en formas múltiples de que los estudiantes den cuenta de sus aprendizajes y su proceso, de formas otras de participación. Si el contexto del que se hace parte demanda hoja, lápiz, completo silencio y únicas respuestas, o si el contexto demanda otras formas, otras propuestas es lo que hay que tener en cuenta; podemos tomarnos pequeñas libertades con las que se complementen las formas tradicionales con las nuevas propuestas que den cuenta de otros aprendizajes y apropiaciones.
Si bien no es posible ni necesario reinventar las formas establecidas de la educación, si se nos llama a hacer uso de esas libertades para enseñar, aprender, interiorizar, acceder, apropiar y habitar el mundo de formas diferentes.
La educación en nuestro país, como la educación en general, es un proceso, un proyecto que aún por siempre estará en construcción, así, el hecho de que sea un concepto in-agotado nos demanda ese movimiento, pensar propuestas nuevas o tomar de lo que está, aquello que se considera sirve, reencauchar otros modelos, escuchar otras versiones… todo esto a fin de pensar en eso que, considero nos hace falta, una educación contextualizada, propia, para nosotros y nuestros estudiantes, con nuestra historia y nuestras propuestas, una educación que proponga en y para cada contexto específico, una educación que piense en las posibilidades, en lugar de las falencias (sin pretender minimizar las desigualdades), una educación que haga con lo que hay, que aproveche los recursos, lo que tiene a la mano y no se estanque en lo que no. Pensarla, sobre todo en estos tiempos de virtualidad, desde lo que se puede y no hacer dependiendo de las condiciones de los agentes que participan, además de la forma de responder a eso que no se facilita por factores como la falta de acceso o conectividad. Se nos llama entonces, a quienes participamos de la educación colombiana a proponer, formular y reformular, a movernos.